...nunca me sentí correspondida,
ni cuando estuve en brazos de mi madre,
ni cuando caminaba de su mano,
mi vida no era correspondida,
no existia el afecto de nadie,
ni el abrazo del amigo que te da fortaleza...
sólo había tristeza en mis rostro
y mis ojos reflejaban la apatía que me embargaba
me envuelvía en la dura capa de la hipocresía
pues es lo que rodeaba
mi día a día... y esto me entristecía aún más,
cuando he entregado afecto,
la gente me ha entregado lo peor de sí,
chismes, mentiras, intrigas,
¿qué es lo que tan mal he hecho que no merezco
ni la amistad sincera, ni el abrazo emotivo,
ni la caricia amistosa, ni la palabra de alivio?
Pero llegaste tú e iluminaste levemente mi camino
y diariamente me guiabas de la mano
y me llenaste de amor... y de poesía.
viernes 11 de enero de 2008
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